Piglia sobre el boxeo
Yo iba al box mucho, a veces me entrenaba un poco cuando era más joven, iba a los gimnasios... ¿por qué gusta el boxeo? ¿Por qué hay escritores que narran sobre él? Me parece porque tiene algo de la tragedia, en el boxeo lo más importante es el sufrimiento... Los grandes artistas, los grandes boxeadores, son muy admirados por cómo soportan el sufrimiento, que todo el público sufre en algún lugar, entonces la capacidad de soportar el sufrimiento y seguir es un elemento que los construye... por ejemplo, los grandes ídolos del boxeo siempre han sido derrotados alguna vez, es muy difícil ser un ídolo si sos invicto, porque hay una calidez en aquel que fue derrotado y es capaz de volver, o sea, hay muchos elementos que tienen que ver con la vida; pero yo descubrí, no descubrí, sino me empecé a dar cuenta ahí que en ese mundo tan viril hay muchas relaciones de amor entre hombres. Escribí Plata quemada porque también me di cuenta de que en el mundo de la gente pesada, de los tipos que son como la expresión misma de la virilidad, hay muchas relaciones homosexuales entre ellos, lo que me interesó en ese relato es esa idea de la relación entre dos muchachos boxeadores que se aman, ese cuento fue escrito en el año 68, en él está la idea de que la homosexualidad no es ese mundo un poco aislado de todo, donde aparecen unas chicas, unos muchachos, que están en un gueto propio, sino que son relaciones que de pronto se dan en lugares donde no parece que pudieran existir, eso es lo que hizo que escribiera ese relato, porque me pareció que se podía contar una historia de amor en el medio de esas situaciones de violencia... hay que ver qué es lo que pasa con la masculinidad excesiva ahí... mucha exhibición no sé sabe qué pueda esconder, ese es un poco el sentido de esos relatos... Hay boxeadores frágiles y pequeños y boxedores grandotes, y al frágil me lo imaginaba cantando boleros, eso es lo que armó la historia.
El box es un deporte increíble, es realmente alucinante, cruel, digamos, ver esos hombres que están obligados a pegarse; después, bueno, están las reglas del deporte y eso... Sería muy interesante escribir un relato sobre la mujer del boxeador, las que están también en la tribuna, unas van, otras no, o las madres, que a veces van a ver las peleas de los hijos ... También son muy supersticiosos los boxeadores, como los toreros... y después tienen algo que también es como de las tradiciones monásticas, que es la época de preparación, pasan tres meses completamente aislados, levantándose a las 6 de la mañana y corriendo, sin comer para dar el peso; los grandes boxeadores son capaces también de soportar el sacrificio de la preparación previa, hay que dejar de tomar, de fumar, hay que dejar de hacer todo, te diría, para llegar a la pelea. Está la construcción de la rabia, también, cómo los manager incentivan el odio, o sea, les construyen una idea de bueno hay que matar a este otro, y a veces juegan ellos a insultarse un poco y a veces no es tanto un juego, hay mucho racismo, 'judío', 'negro', le dice uno al otro, cosas así...
Porque hay que ver lo qué es la derrota para un hombre así, para tipos muy pesados, que tienen que aguantar que el otro lo tire y lo derrote, porque uno tiene experiencias de derrota medio metafóricas, te va mal en un examen, por ejemplo. Pero vos ves entrar a los boxeadores y te das cuenta de lo que son, son tipos con una autoestima altísima, que de pronto son derrotados, no hay duda de que han sido derrotados, no es que te podés quedar con la idea de 'el profesor me tenía entre ojos y me puso 2, pero yo no lo merecía', no sé, cualquier escape tiene uno para decir no me fue tan mal, pero ellos no pueden.
Yo siempre recuerdo que la primera vez que vi televisión, en la casa de un tío mío que había comprado uno de los primeros aparatos, vi una pelea de un boxeador mexicano que se llama Lauro Salas, y nunca me lo olvidé el nombre, siempre he tenido ganas de averiguar qué pasó con él. Era un boxeador mexicano típico, peso pluma, una cosa así, esos boxeadores que tienen... porque hay boxeadores que son fajadores, que van y van y van y van y van y van y lo destruyen al otro, que tienen la capacidad de asimilar el castigo, y otros que son estilistas, que siempre están a media distancia, que tienen lo que se llama un juego de piernas muy elegante...igual los acorralan contra las cuerdas y no les gusta nada... Y yo iba, yo iba al gimnasio cuando estaba estudiando en la Plata... y después iba, cuando me fui a vivir a Buenos Aires... yo estaba viviendo a la vuelta de la federación de box, que era ese lugar del box amateur, entonces el mundo de los chicos que van al gimnasio es como el de los escritores, que no saben si van a llegar, pero tienen que pasar por el sacrificio igual que los que van a llegar.